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8 de mayo de 2024

Jean Giraud “Mœbius”

«El dibujo es una forma de comunicación personal, pero esto no quiere decir que el artista se encierra en su burbuja; es comunicación con los seres cercanos, consigo mismo, pero también con gente desconocida. El dibujo es un medio para comunicarnos con la gran familia que no conocemos, el público, el mundo.»

Tal día como hoy nacía mi admirado dibujante y guionista de cómics, diseñador multimedia, brujo de la tinta china, hechicero de los colores y las metamorfosis, prometeo de nuevas alquimias para nuestros sueños, vigilante de las estrellas y maître de l'art de la science-fiction, Jean Giraud “Mœbius” (Nogent-sur-Marne, 1938 — Paris, 2012).



En su voluntad de perseguir la excelencia e indagar en campos desconocidos, renovó nuestra imaginería colectiva en el ámbito de la fantasía futurista. Sus experimentos e innovación contribuyeron al reconocimiento y estatus artístico del que goza hoy en día el cómic. Me atrevo a afirmar que su legado se encuentra en el podio de su disciplina junto a Will Eisner, Osamu Tezuka, Jack Kirby y Alan Moore.




Si el maestro pudo dibujar mundos y seres tan emocionantes, misteriosos y bellos, tal vez algún día nosotros podamos hacerlos realidad...

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Todas las imágenes son obra del gran virtuoso de los lápices Jean Giraud “Mœbius”.

© Mœbius Production



Jean-Michel Jarre: “Ethnicolor” (1984).


















2 de mayo de 2017

'Legion' (2017) de Noah Hawley


Noah Hawley, creador de Fargo —una de las series más importantes de la presente década—, es el responsable de Legion (2017), adaptación del cómic del mismo nombre de la editorial Marvel, donde la búsqueda artística se antepone a la persecución de los índices de audiencia. La exuberante estética retrofuturista, que bebe directamente de películas como Fahrenheit 451 (1966) de François Truffaut o La naranja mecánica (A Clockwork Orange, 1971) de Stanley Kubrick, sumada a la muy cuidada banda sonora con temas, entre otros, de The Who o Pink Floyd (no en vano el principal personaje femenino se llama Syd Barrett), dan como resultado un atractivo y caleidoscópico torvellino audiovisual. La ambigüedad sobre el estado mental del protagonista le sirve a los creadores de Legion para diluir los límites entre la realidad y los sueños —muy en la línea de las mejores novelas de Philip K. Dick—, de manera que cada episodio se convierte en un 'tour de force' narrativo donde el espectador se siente balanceado entre la fascinación y la aversión, la euforia y el terror. El excelente actor británico Dan Stevens interpreta a David Haller, el enmarañado protagonista de Legion, que aglutina en su mente todo un País de las maravillas en el que desear adentrarse, y tal vez perderse, "solo un capítulo más"...



4 de febrero de 2010

"Valentina" de Guido Crepax


Valentina Roselli, icono del cómic europeo concebido por el maestro italiano Guido Crepax (1933-2003), regresa en el segundo tomo que Norma Editorial ha publicado con una selección de sus mejores historias.


Fotógrafa de moda internacional que participa en los círculos intelectuales y artísticos de la ciudad de Milán, conduce deportivos Alfa Romeo, lee a Dostoievski y colecciona discos de jazz, Valentina no es sino un arquetipo de la efervescencia cultural e ideológica que imperaba en la Europa de los años sesenta. En sus páginas Guido Crepax se deja cautivar por el diseño y la música pop, la fascinación por la moda, el cine de Michelangelo Antonioni o la Nouvelle Vague de directores como Jean-Luc Godard y Alain Resnais. El personaje de Lulú, pionera femme fatale que interpretara la actriz Louise Brooks en la película muda La caja de Pandora (1928) de G.W. Pabst, sirvió al dibujante para asignar a Valentina su inconfundible look. Nacida en 1965 como personaje secundario en las viñetas del héroe Philip Rembrandt, pronto logró un lugar preferente ante el enorme interés que despertó entre los lectores de la revista italiana Linus.


Poco antes de la aparición de Valentina, el escritor y filósofo Umberto Eco reivindicaba el arte del cómic con la publicación de Apocalípticos e integrados, un ensayo que situaría la disciplina en el nivel artístico que merecía. La búsqueda de vías alternativas para relatar sus historias llevó al autor a romper con muchos de los ordinarios protocolos estéticos que ofrecían los cómics. El montaje en el cine de vanguardia y la experimentación en el uso de metáforas visuales como lenguaje narrativo nutren el lápiz de Guido Crepax, quien, asimismo, descubre en el análisis del subconsciente una fuente ilimitada de recursos con los cuales sorprendernos. Los sueños de Valentina, sus deseos pasionales más íntimos, son tan significativos como los sucesos que protagoniza en sus aventuras. El inconsciente desatado, libre de culpa y moral, ajeno a las convenciones sociales, se une a la querencia por las pautas del fetichismo y las fantasías sadomasoquistas que se ocultan en la psique de Valentina para deleitarnos con un erotismo elegante y alejado de modos explícitos, donde se venera el cuerpo femenino como súmmum de belleza. El original uso del ensueño, de la ilusión onírica, convierten las páginas de Valentina en una suerte de poemas visuales que nos sugerirán diferentes motivos y nuevos alcances cada vez que retornemos a sus historias, que nos perdamos de nuevo en su voluptuosa imaginación.


El presente volumen comienza con un tríptico integrado por las historias La fuerza de gravedad, Valentina con botas y Marianna va a la montaña, en las que un argumento de thriller de ciencia ficción es apto para que Guido Crepax erija una reflexión sobre la identidad, el deseo de ser otro o sobre un concepto tan literario como lo es la figura del doble. En El niño de Valentina, una vieja mansión y un cuadro con una misteriosa dama son el eje central de un relato donde los sueños de Philip Rembrandt, el amante de Valentina, se diseminan de manera paralela a los de la heroína, y terminan por confluir en uno de los desenlaces más trascendentales para el devenir del personaje. Destacaríamos por último Manuscrito, una aventura con leve tono de comedia sin componentes surrealistas, clara alusión al férreo control de la libertad de expresión en la desaparecida Unión Soviética.



El talento de Guido Crepax nos ha legado a Valentina, mujer sexualmente libre, independiente y creativa, sentimental e imaginativa, que sentimos como epítome de la parte más seductora e irresistible, para ambos sexos, del carácter femenino; y ante la invitación de acompañarla en el segundo volumen de sus aventuras... no vamos a ser los primeros en decirle “no”.








22 de marzo de 2007

Egon Blant


Creo que tenía ocho años cuando mi padre me regaló un cómic de ciencia ficción. Él lo eligió porque sabía que me obsesionaba todo lo relacionado con el espacio y el futuro. Era una vieja reedición de Flash Gordon, con dos historias protagonizadas por el héroe intergaláctico. Una de ellas se titulaba "Música silenciosa" (Egon Blant Escapes) con guión y dibujo de Dan Barry (1923-1997).


Buscando en Internet, descubrí que se publicó originalmente en 1968, año que en mi adolescencia me interesó especialmente, debido al histórico Mayo de París, cuando las revueltas estudiantiles llegaron a provocar una crisis nacional en Francia. La historia de Egon Blant, aunque transcurre en un futuro lejano, está influenciada por esa época de jóvenes con ansias de revolución. Por desgracia, el cómic lo perdí hace muchísimo tiempo, aunque lo recuerdo bien de leerlo infinidad de veces durante años.
Para acompañar el relato de mis recuerdos, he elegido una pieza musical que ya forma parte de mi vida.


'Opening' de Philip Glass




La música de Egon Blant

Él era músico, y estaba loco. Poseía el talento de hipnotizar a las personas a través de su música, y así tenerlas bajo control. Encarcelado durante años por utilizar su don, consiguió al fin escapar. Con una personalidad obsesiva y extrema, perfeccionista e intolerante con la ignorancia y vulgaridad predominantes; su determinación de luchar ante la decadencia que él sentía en la sociedad, le condujo a idear su propia revolución.


En seguida llevó a cabo un plan para lograr alcanzar su sueño. Secuestró a las tripulaciones de decenas de naves espaciales para poblar una ciudad, fundada por él, en un lejano y e inhóspito planeta. Un palacio de plata y cristal coronaría la urbe, donde los órganos y pianos del demente compositor reproducirían por siempre su melodía. Todos los habitantes vivirían en armonía. La paz y el amor perdurarían. La violencia, la mezquindad, el odio...no lograrían llegar a la ciudad de los teclados infinitos de Egon Blant. A través de su música sería el único gobernante, haciéndose responsable de que su pueblo fuera siempre feliz.


Pero el héroe lo descubrió, y ayudado por el ejército, Flash Gordon libera a los secuestrados, destruye la ciudad y detiene al fugitivo músico, encarcelándolo para siempre.
Aunque tan solo era un niño, no pude evitar sentir fascinación por el sueño utópico e idealista del lunático hipnotizador. Al final de la historia, Flash camina entre las ruinas de la ciudad junto a su pareja Dale Arden, y ella le comenta:

«No hay nada más triste que contemplar las cenizas de un sueño, aunque sea el sueño de un loco.»

En mi infancia, la frase se quedó grabada en mi memoria. Siendo ya adulto relacioné su locura e idealismo con personajes literarios como el Don Quijote de Cervantes o el Príncipe Mishkin de Dostoievski.

Quizá el músico loco no siguió preso hasta su final y escapó, por última vez, gracias a una ayuda inesperada...
“Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.”




Imagen de la cabecera extraída de la película "Metrópolis" (1927) dirigida por Fritz Lang