4 de febrero de 2010

"Valentina" de Guido Crepax


Valentina Roselli, icono del cómic europeo concebido por el maestro italiano Guido Crepax (1933-2003), regresa en el segundo tomo que Norma Editorial ha publicado con una selección de sus mejores historias.



Fotógrafa de moda internacional que participa en los círculos intelectuales y artísticos de la ciudad de Milán, conduce deportivos Alfa Romeo, lee a Dostoievski y colecciona discos de jazz, Valentina no es sino un arquetipo de la efervescencia cultural e ideológica que imperaba en la Europa de los años sesenta. En sus páginas Guido Crepax se deja cautivar por el diseño y la música pop, la fascinación por la moda, el cine de Michelangelo Antonioni o la Nouvelle Vague de directores como Jean-Luc Godard y Alain Resnais. El personaje de Lulú, pionera femme fatale que interpretara la actriz Louise Brooks en la película muda La caja de Pandora (1928) de G.W. Pabst, sirvió al dibujante para asignar a Valentina su inconfundible look. Nacida en 1965 como personaje secundario en las viñetas del héroe Philip Rembrandt, pronto logró un lugar preferente ante el enorme interés que despertó entre los lectores de la revista italiana Linus.


Poco antes de la aparición de Valentina, el escritor y filósofo Umberto Eco reivindicaba el arte del cómic con la publicación de Apocalípticos e integrados, un ensayo que situaría la disciplina en el nivel artístico que merecía. La búsqueda de vías alternativas para relatar sus historias llevó al autor a romper con muchos de los ordinarios protocolos estéticos que ofrecían los cómics. El montaje en el cine de vanguardia y la experimentación en el uso de metáforas visuales como lenguaje narrativo nutren el lápiz de Guido Crepax, quien, asimismo, descubre en el análisis del subconsciente una fuente ilimitada de recursos con los cuales sorprendernos. Los sueños de Valentina, sus deseos pasionales más íntimos, son tan significativos como los sucesos que protagoniza en sus aventuras. El inconsciente desatado, libre de culpa y moral, ajeno a las convenciones sociales, se une a la querencia por las pautas del fetichismo y las fantasías sadomasoquistas que se ocultan en la psique de Valentina para deleitarnos con un erotismo elegante y alejado de modos explícitos, donde se venera el cuerpo femenino como súmmum de belleza. El original uso del ensueño, de la ilusión onírica, convierten las páginas de Valentina en una suerte de poemas visuales que nos sugerirán diferentes motivos y nuevos alcances cada vez que retornemos a sus historias, que nos perdamos de nuevo en su voluptuosa imaginación.



El presente volumen comienza con un tríptico integrado por las historias La fuerza de gravedad, Valentina con botas y Marianna va a la montaña, en las que un argumento de thriller de ciencia ficción es apto para que Guido Crepax erija una reflexión sobre la identidad, el deseo de ser otro o sobre un concepto tan literario como lo es la figura del doble. En El niño de Valentina, una vieja mansión y un cuadro con una misteriosa dama son el eje central de un relato donde los sueños de Philip Rembrandt, el amante de Valentina, se diseminan de manera paralela a los de la heroína, y terminan por confluir en uno de los desenlaces más trascendentales para el devenir del personaje. Destacaríamos por último Manuscrito, una aventura con leve tono de comedia sin componentes surrealistas, clara alusión al férreo control de la libertad de expresión en la desaparecida Unión Soviética.


El talento de Guido Crepax nos ha legado a la bella Valentina, mujer soñadora y romántica, cariñosa y sexualmente libre, que sentimos como epítome de la parte más seductora e irresistible del carácter femenino; y ante la invitación de acompañarla en el segundo volumen de sus aventuras...no vamos a ser los primeros en decirle “que no”.



Imagen de la cabecera extraída de la película "Metrópolis" (1927) dirigida por Fritz Lang